domingo, 30 de noviembre de 2014

APORTE DE LA DIDÁCTICA EN MI PRÁCTICA LABORAL


Para hablar acerca de los aportes que la didáctica ofrece a mi área específica de interés, debo contextualizar mi práctica, mis gustos y mis expectativas, es decir, mi visión de mi trabajo como directivo docente.
Soy socio-propietario del Colegio Los Andes y fui Rector hasta el año 2012, durante quince (15 años). Ante la necesidad de mejorar la institución decidí capacitarme, observando las propuestas que ofrecían las universidades en la ciudad de Cali, escogí la Universidad ICESI para realizar la Maestría en Educación. Para esto, se optó dejar la rectoría del Colegio y no estar vinculado a la institución.
Actualmente, después de un año y medio, estoy en tercer semestre y he vuelto a integrarme al Colegio, no como Rector sino como Director Académico. En mi experiencia como Rector fui pasando por los diferentes estadios de desarrollo profesional, en este momento y según mis funciones, estoy en la etapa de director como asesor y consultor. Bolívar (2011: 266) cita a Campo (2010: 124-125) para vincular los estadios de desarrollo profesional con las oportunidades de formación: los primeros pasos, el acceso a la dirección, los primeros años, el director experimentado, el director como asesor y consultor.
Al iniciar esta reflexión frente al aporte de la didáctica en mi práctica laboral y en la primera entrega que realice, había pensado que mi función principal era la de hacer visible la didáctica y la pedagogía en la práctica de los docentes del Colegio. Sin embargo, después de reunirme con la profesora Sandra Peña y de realizar las lecturas que me recomendó, esta función ha cambiado y forma parte –como estrategia o subproyecto- de lo que he estado haciendo sin saberlo: transformar al Colegio Los Andes en una comunidad profesional de aprendizaje (CPA).
Hacer posible que el Colegio Los Andes se convierta en una CPA debe iniciar en un diagnóstico inicial de -entre otras cosas- el estilo de liderazgo, los canales de comunicación, el desarrollo de competencias docentes y los estilos de aprendizaje de los estudiantes. Esta evaluación diagnóstica hará manifiestas las debilidades y fortalezas de las categorías observadas. Posteriormente, se debe diseñar la ruta que seguiremos para obtener buenas prácticas y por lo tanto, mejorar los resultados académicos de nuestros estudiantes.
A continuación se presentará una descripción de la situación que se pretende impactar y lo que esperamos lograr con los cambios. La situación descrita hace referencia al año lectivo 2013 – 2014.

·         Características generales:
El Colegio Los Andes entiende la educación como un proceso de transformación permanente e integral. A partir del respeto por las diferencias y la diversidad busca formar individuos capaces de contribuir en la construcción de una comunidad basada en la libertad, la democracia, la tolerancia y la convivencia. Orienta su acción educativa hacia la formación de seres humanos responsables socialmente. Desde la auto-estima y la auto-crítica se crean las condiciones para amar y respetar al otro, querer y cuidar el entorno y velar por la naturaleza.
El Colegio fue fundado en el año de 1.978, está ubicado en el barrio Ciudad Capri, en la Comuna 17. Es una institución privada, con modalidad académica, de carácter mixto y calendario B. En el año lectivo 2013 – 2014 se matricularon 700 estudiantes: 70 en la sección de Primera Infancia, 230 en la sección de Básica Primaria, 265 en la sección de Básica Secundaria y 135 en la sección de Media Vocacional. La Primera Infancia tenía 5 grupos, y en la básica y la media vocacional tenía dos grupos por cada grado. Su población estudiantil pertenecía en su mayoría a los estratos socioeconómicos 4 y 5. En la sección de Primera Infancia había 5 docentes titulares, en la sección de Básica Primaria 12 docentes y en la sección de Básica Secundaria y Media Vocacional 20 docentes.

·         Situaciones problema:
o   Falta de evidencias de que el horizonte institucional del Colegio sea conocido por los miembros de la comunidad educativa. En el estilo de liderazgo; en la forma de comunicar, establecer acuerdos y compromisos; en las actitudes de algunos de los directivos docentes como de algunos docentes; no se encuentran evidencias de los valores institucionales que se quieren desarrollar: libertad, democracia, tolerancia, convivencia, responsabilidad social, autoestima, amor y respeto por el otro, por el entorno y por la naturaleza. Se observan esfuerzos individuales de algunos docentes, que demuestran una carencia de metas comunes y compartidas.
o   Bajo sentido de pertenencia de algunos de los docentes, principalmente en la sección de Básica Secundaria y Media Vocacional. Este bajo sentido de pertenencia de los docentes se puede observar por: altos niveles de ausentismo; incumplimiento e impuntualidad en la entrega de los formatos y los documentos establecidos; ambiente laboral inadecuado, observado por conflictos y comunicación inadecuada entre docentes, así como poca colaboración entre compañeros; propuestas de aprendizaje muy básicas, de baja calidad y exigencia.
o   Bajos resultados académicos de los estudiantes. Observado no sólo en las notas obtenidas, sino en el poco compromiso, responsabilidad y participación en las actividades propuestas; de igual forma, se hace evidente en la apatía y el incumplimiento de las normas establecidas en el Manual de Convivencia.

·         Qué esperamos lograr: lógicamente queremos que las situaciones problema descritas anteriormente sean corregidas, por lo que se han establecido los siguientes objetivos:
o   Hacer evidente el horizonte institucional del Colegio. Que tanto a nivel institucional como de aula los valores que se quieren desarrollar sean el punto de partida para la definición de las diferentes actividades, proyectos y propuestas de aprendizaje.
o   Aumentar el nivel del sentido de pertenencia de los docentes. Que los docentes del Colegio Los Andes quieran formar parte del proyecto institucional.
o   Mejorar los resultados académicos de los estudiantes del Colegio.

Se han diseñado y están implementándose algunos cambios. Todos estos cambios forman parte de una primera etapa, cuyo tiempo de duración es de cuatro meses –septiembre a diciembre del año 2014- y que nos debe llevar a evidenciar una práctica reflexiva y una mejora del profesorado.

Primera etapa.

En la primera etapa, el objetivo fundamental es el generar las condiciones para que el Colegio Los Andes pueda ser configurado como una Comunidad de Aprendizaje. De aquí, que se deben promover estrategias y propuestas de ajuste tanto a nivel institucional como a nivel de aula de clase; tanto a nivel de los directivos docentes y los docentes como de los estudiantes. Partimos de reconocer e interiorizar que en la Sociedad del Conocimiento, las prácticas docentes encaminadas a la enseñanza –entendida solamente como la transmisión de conocimientos no son suficientes, que nuestros conocimientos  y saberes deben ser actualizados constantemente, que estamos llamados al aprendizaje a lo largo de la vida (DELORS: 1996). A continuación trataré de describir algunos de los ajustes que corresponden a esta etapa.

Primero, desde el discurso empleado y la forma de comunicarnos empleada por los directivos docentes hacia los docentes y los estudiantes. En cuanto al discurso empleado, creemos que a partir de una comunicación asertiva y empática se derivan procesos de auto-crítica y auto-reflexión. El mensaje oral, escrito y gestual debe estar dado en tono cálido y respetuoso. Pasamos del juicio, el castigo y la desaprobación a la retroalimentación y el acompañamiento.
Tratamos aquí –inicialmente- que los directivos docentes y –como consecuencia- los docentes y los demás miembros de la comunidad educativa, desarrollen y apliquen tanto competencias comunicativas como competencias emocionales. Creemos que “entre más competentes seamos para comunicarnos con los demás más probable es que podamos interactuar de manera constructiva, pacífica y democrática” (RUIZ & CHAUX, 2005, 36).
Las competencias comunicativas son entendidas como las habilidades que permiten: entablar diálogos constructivos, comunicar nuestros puntos de vista, posiciones, necesidades, intereses e ideas, y comprender aquellas que los demás desean comunicar. Las competencias emocionales son entendidas como las capacidades necesarias para: identificar las emociones propias y las de los otros y responder a ellas de forma constructiva.
Escuchar activamente, la asertividad, la identificación y manejo de las propias emociones, y la identificación y respuesta empática ante las emociones de los demás forman parte de las competencias que deseamos que los directivos docentes consideren siempre que van a establecer un diálogo o una comunicación con algún docente o miembro de la comunidad educativa.

Segundo, desde la concepción del planeador de clases, que incluyan situaciones de aprendizajes pensadas para el contexto y que desarrollen competencias. Se considera que este dispositivo debe ser un instrumento de apoyo a la práctica cotidiana del docente, por lo tanto, real y no sólo prescrito – un requisito que hay que llenar y presentar-. El docente, en el planeador, debe pensar su clase desde la mirada y las necesidades tanto del área como del estudiante, desde la búsqueda de una identidad y un estilo propio.
El planeador de clase se rediseñó este año lectivo, esto se hizo a partir del análisis de un modelo general –definido por el Colegio-. Luego de dividir al grupo de docentes por departamentos, se genera un análisis del modelo de planeador teniendo en cuenta las diferencias didácticas y pedagógicas de cada área. Después de dicha reflexión cada departamento socializa y justifica su propuesta y se establece un planeador diferenciado por área.
El planeador de clase aun cuando es diferenciado a partir de las necesidades particulares de las disciplinas, Shulman (2005: 21) tiene en cuenta, entre los procesos de razonamiento y acción pedagógicos, la actividad de transformación. Esta actividad se refiere a que un docente, en el proceso de enseñanza, debe “transformar su conocimiento de la materia en formas que sean didácticamente impactantes y aun así adaptables a la variedad que presentan sus alumnos en cuanto a habilidades y bagajes”. La actividad de transformación permite pasar de la comprensión personal a la preparación para que otros comprendan, constituye la esencia del acto de razonar pedagógicamente, de la enseñanza como raciocinio, y de la planificación del ejercicio docente.

Tercero, desde el empoderamiento de los docentes en la toma de decisiones. Los docentes, organizados por departamentos –unidades por áreas o disciplinas- han empezado a ser escuchados, a proponer y diseñar, a retroalimentarse, a trabajar cooperativamente. En las reuniones por áreas disciplinares, tanto totales como parciales –todos los miembros o algunos miembros- se busca que desde el análisis del por qué enseñar, a quiénes, y qué enseñar, surjan propuestas construidas por los mismos docentes. Aquí se empieza a introducir, aunque de forma poco formal e intencionada, el liderazgo distribuido, que “reconoce que diferentes personas –y no solo las que ocupan cargos oficiales- pueden emerger como fuentes de influencia en diferentes ocasiones, con efectos positivos en la educación” (BOLÍVAR, 2011).
Los departamentos, los jefes de departamento y los docentes que forman parte del departamento, han cobrado vital importancia para el desarrollo y reflexión, tanto de las situaciones de aprendizaje, como de las diferentes relaciones pedagógicas que se presentan en el proceso educativo. Siguiendo a Carlos E. Vasco, en Algunas reflexiones sobre la pedagogía y la didáctica, además de la relación maestro-alumno(s), existen otras relaciones pedagógicas que se configuran a partir de la inclusión de micro-entornos y macro-entornos que se conectan o con los alumnos o con los maestros.
En las reuniones por departamento, como se hacen por área funcional, se pueden analizar las diferentes problemáticas desde las didácticas específicas, al igual que se abordan lecturas de documentos con diversas temáticas de interés para cada uno de los miembros del departamento. Se hacen discusiones y puestas en común –análisis reflexivo- de las diversas actividades de enseñanza -propuestas y realizadas por los docentes- frente a los saberes pedagógicos que los participantes poseen. En este sentido, se parte de la idea que está presente en las comunidades profesionales de aprendizaje, en las que el propósito principal es aprender colectivamente, para mejorar la propia práctica educativa.

Cuarto, desde la implementación de rejillas de observación con criterios claros y compartidos por todos. En las observaciones realizadas a través de la rejilla se pretende reconocer el error o de las debilidades que se descubren en la práctica docente. El análisis de las rejillas de observación lo realizan, inicialmente, los Coordinadores Académicos de cada sección, posteriormente y cuando se considera necesario, se dialoga con el Jefe de Departamento y con el Docente, con el objetivo de buscar alternativas de solución a las debilidades encontradas.
De lo anterior, aparecen oportunidades para proponer, desde la capacitación, la reflexión y la retroalimentación, diferentes caminos para lograr que el aprendizaje se convierta en una experiencia personal y transformadora. A partir de las observaciones realizadas, se definen los temas para capacitar a los docentes, capacitación que se entiende como un proceso de mejora de la profesionalización docente.

Segunda etapa.

La segunda etapa, que será ejecutada en el primer semestre del año 2015, además de continuar con el trabajo iniciado en la primera etapa – desarrollo de competencias comunicativas y emocionales; empoderamiento de los docentes en la toma de decisiones (liderazgo distribuido); planeación de las propuestas de aprendizaje construidas y reflexionadas considerando las didácticas específicas, de la actividad de transformación –según Shulman- y del trabajo colaborativo; y, desde la capacitación como posibilidad de cualificación docente – define como objetivo la transformación del Colegio Los Andes en una CPA.
De acuerdo con Bolívar, “cuando hablamos de CPA, nos referimos a un grupo de profesionales que se apoyan mutuamente, indagando de modo reflexivo, para aprender más sobre su práctica en orden a mejorar los aprendizajes de los alumnos”. Por lo que la primera etapa es importante porque, además de cumplir con el objetivo fundamental, deja sembrada la semilla –aprender a vivir juntos (DELORS, 1996), aprender a trabajar juntos, a apoyarse mutuamente, a confiar en los compañeros- para empezar con la propuesta de configurar el Colegio Los Andes como una Comunidad Profesional de Aprendizaje (CPA), como una organización que aprende.
Un requisito necesario para que nos transformemos en una CPA es un tipo de liderazgo en el que predomine y se acentúe el carácter distribuido del mismo (Salazar, 2006). Desde Elmore (2010: 13), citado por Bolívar (2011: 254), el liderazgo “consiste esencialmente en crear, alimentar y desarrollar la capacidad de los docentes y estudiantes para que se involucren en un buen aprendizaje”. Este tipo de liderazgo, conocido como transformacional, favorece la definición y validación constante de unas metas comunes y compartidas.

Algunos conceptos que se han desarrollado durante la primera etapa y que formarán parte de la segunda están relacionados con la necesidad de enfocarnos hacia el aprendizaje. En cuanto el enfoque hacia el aprendizaje, consideramos fundamental aproximarnos a lo que el docente entiende por enseñar y la relación entre la enseñanza y el aprendizaje. Para lograr esto, implementaremos jornadas de discusión, reflexión y puesta en común para abordar, reconocer e interiorizar en nuestras prácticas docentes las diferentes categorías en las que se agrupan los conocimientos que, según la institución, un profesor debería dominar. De acuerdo con Shulman (1986, 1987), citado por Valverde, Garrido y Fernández (2010), estas categorías son las siguientes:
1.    conocimiento del contenido curricular;
2.    conocimiento didáctico general, teniendo en cuenta especialmente aquellos principios y estrategias generales de gestión y organización de la clase que trascienden el ámbito de la asignatura;
3.    conocimiento del currículo, con un especial dominio de los materiales y los programas que sirven como «herramientas para el oficio del docente»;
4.    conocimiento didáctico del contenido, que constituye el conjunto entre materia y pedagogía y manifiesta su forma personal de comprensión profesional;
5.    conocimiento de los alumnos y de sus características;
6.    conocimiento de los contextos educativos, que abarcan desde el funcionamiento del grupo o de la clase, la gestión y financiación de los distritos escolares, hasta el carácter de las comunidades y culturas, y
7.    conocimiento de los objetivos, las finalidades y los valores educativos, así como de sus fundamentos filosóficos e históricos.

Además, realizaremos jornadas de análisis con los docentes acerca del proceso de aprendizaje de nuestros estudiantes, basado en qué aprenden, cómo aprenden, quién y con quién se aprende, de quién se recibe ayuda para aprender y en dónde se aprende. Este análisis lo haremos a partir de la teoría de la relación con el saber, de Bernard Charlot.
Desde Charlot (2008: 109), “aprender es desplegar una actividad en situación: en un lugar, en un momento de su historia y en diversas condiciones de tiempo, con la ayuda de personas que ayudan a aprender”. Y, siguiendo a Zambrano (2014: 80), “aprender es un espacio-tiempo compartido con otros sujetos. Es una relación con los otros, consigo mismo y en un espacio común”.  De acuerdo con Charlot (2008: 108-109), lo que los niños aprenden es:
1.    Objetos – saberes,  objetos que incorporan el saber, por ejemplo un libro, un documento, etc.
2.    Objetos que es necesario aprender a utilizar, por ejemplo cepillo de dientes, máquina de afeitar, computadora, etc.
3.    Actividades que deben dominarse, por ejemplo: leer, nadar, escribir, etc.
4.    Dispositivos y formas para relacionarse con los otros.

Como punto de partida para la segunda etapa, en lo que se refiere al trabajo de aula, se entrarán a considerar el modelo de Shulman y la teoría de Charlot –descritas someramente- como marco teórico en el que se apoyará la construcción de las alternativas que sean establecidas. De igual forma, quisiéramos entrar a analizar lo que significan y nos podrían aportar –para este trabajo- el concepto de Ambientes Personales de Aprendizaje (PLE por su sigla en inglés) y el modelo TPACK, de Koehler y Mishra, que introducen y articulan el concepto de tecnología en las relaciones establecidas entre contenido curricular y pedagogía.
Como puede observar, tengo todavía un camino importante de revisión temática y bibliográfica. Por lo cual, no se han definido las estrategias o actividades de esta segunda etapa. Aunque si tengo claros los aspectos más relevantes que serán desarrollados. Primero, actividades que busquen desarrollar las competencias requeridas para ser un directivo docente bajo la modalidad de una CPA. Segundo, estrategias encaminadas a fortalecer el proceso de transformación del Colegio Los Andes como una CPA. Tercero, aspectos relacionados con potenciar el liderazgo docente compartido o distribuido. Finalmente, acciones dirigidas a continuar con el mejoramiento de los espacios institucionales de colaboración entre docentes.

BIBLIOGRAFÍA

BOLIVAR, A. (2011). Aprender a liderar líderes. Competencias para un liderazgo directivo que promueva el liderazgo docente. Educar, vol. 47/2, 253-275.
BOLÍVAR, M.R. (n.d.). Comunidades profesionales de aprendizaje. Instrumentos de diagnóstico y evaluación. Obtenida el 22 de noviembre de 2014 de
CHARLOT, D. La relación con el saber. Elementos para una teoría. Buenos Aires. Libros del Zorzal, 2008.
DELORS, J. La educación encierra un tesoro. Madrid, UNESCO-Santillana, 1996.
RUIZ, A., CHAUX, E. (2005). La formación de competencias ciudadanas. Asofade, Bogotá – Colombia
SALAZAR, M.A. (2006). El liderazgo transformacional ¿modelo para organizaciones educativas que aprenden? Unirevista, vol. 1 (3), 1-12.
SHULMAN, L. (2005). Conocimiento y enseñanza: fundamentos de la nueva reforma. Profesorado. Revista de currículum y formación del profesorado, 9, 2.
VALVERDE B., J., GARRIDO A., M.C., FERNÁNDEZ S., R. (2010, febrero). Enseñar y aprender con tecnologías: un modelo teórico para las buenas prácticas con TIC [en línea] Teoría de la Educación. Educación y Cultura en la Sociedad de la Información, vol. 11, 1), 203-229, en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=201014897009

ZAMBRANO, A. Escuela y saber: figuras de aprendizaje en niños y niñas de 5° y 9°. Cali. Universidad Icesi, 2014. 

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